Owlboy

Es un momento maravilloso si te gustan los videojuegos. El problema no está en encontrar la calidad y la diversidad, sino en encontrar el tiempo y la disponibilidad para jugar tantos títulos. No es de extrañar que Nintendo Switch ha tenido hasta ahora una historia de éxito. La consola permite jugar una multiplicidad de títulos y no nos obliga a estar sentados frente a un televisor o monitor para jugar, lo que hace más fácil el consumo de videojuegos.

Nintendo Switch combina especialmente bien con los pequeños proyectos, generalmente de naturaleza independiente, que encontraron en la consola “una nueva casa”. Es fácil darse cuenta por qué. En esta plataforma no hay tanta saturación como en las restantes y la simplicidad de estos juegos los hacen ideales para el formato portátil.

Owlboy es el más reciente proyecto independiente que ha llegado a Nintendo Switch. Fue lanzado en Noviembre para PC en Noviembre de 2016, y ha llegado a las consolas. El juego estuvo en desarrollo durante casi 10 años y es una carta de amor para los amantes de pixelart así como una muestra de la pluralidad que los videojuegos han alcanzado en los últimos años. Hay espacio e interés para todo tipo de géneros y experiencias, incluyendo juegos que parecen venir de una época diferente.

La inocencia de Owlboy nos arroja a una era en la que los videojuegos eran muy sencillos, con los cuadros de aventuras que se ocupaban de temas como la amistad, la lucha del bien contra el mal y la superación del héroe ante un desafío mayor que sí mismo.

Está catalogado como un juego de plataformas, lo que no deja de ser verdad, pero el hecho de controlar un personaje con la capacidad de volar hacen de Owlboy, a primera vista al menos, un juego diferente a los juegos de plataformas tradicionales. Es una aventura en la que controlamos a Otus, un joven búho que es mudo y, por lo tanto, no puede hablar.

Otus es despreciado por su maestro, que lo acusa constantemente de ser un incompetente que no puede hacer nada bien. Ante estas situaciones, no puede hacer nada más que bajar la cabeza y ponerse a temblar ante el abuso verbal. Las acusaciones injustas de su maestro facilitan que el jugador cree rápidamente compasión por el personaje, que a pesar de lo que dicen las malas lenguas, siempre da lo mejor de sí.

El principio del juego es simple y fácil de entender, ya que los niveles son en gran parte lineales y sólo requieren que avancemos en el frente. Más tarde, hay oportunidades de exploración y hasta de regresar a partes anteriores del mapa para ver si quedó algo por tomar. Hay elementos de Metroidvania, pero Owlboy es muy “ligero” en este aspecto. No requiere de una explotación agresiva ni hace una exhortación a volver atrás porque las recompensas para hacerlo tienen poco peso.

Si hay algo que Owlboy hace bien es la presentación de su mundo. Cuando dijimos que era una carta de amor para los amantes de Pixelart no estábamos exagerando. Los escenarios son preciosos. La dirección artística es lúcida, privilegiando siempre la claridad de la imagen y una combinación perfecta de los objetos en primer y segundo plano. El mundo abierto pero la mayoría de las áreas están bloqueadas en un principio.

Lo más sorprendente, por la negativa, es que no existe un mapa. No es un mapa difícil de entender y de interiorizar después de algún tiempo, pero de cualquier manera, tener una herramienta para ubicarnos es de ayuda en todo momento.

La temática de los niveles va oscilando, a medida que la historia se desarrolla y nos remite a explorar nuevas partes del mundo de las lechuzas. Cada parte que visitamos también se introduce una nueva mecánica. Hay niveles en los que tenemos que exprimir el agua de las nubes para elevar ciertas plataformas, otros en los que tenemos que comer frutas o recurrir a fuego para navegar en la oscuridad, y hay niveles, ya más adelante, en el que tenemos que lidiar con el hielo y el viento que nos empuja en la dirección opuesta.

A pesar de que se nota un esfuerzo para crear variedad, Owlboy nunca hace nada de sorprendente y no va más allá de lo que ya se ha hecho en el pasado. No hay nada aquí que ya no hayamos visto en otros juegos. La primera hora es maravillosa, pero Owlboy no puede mantener el mismo encanto durante el resto del juego ni tampoco introducir novedades para mantener el juego interesante hasta el final.

La historia tiene momentos de encanto y buenos personajes. No todas reciben la debida atención y la ausencia de actividades secundarias no nos permite conocerlos a fondo. Los compañeros de Otus, excluyendo Lee, cambian rápidamente de personalidad, pasando del lado de los “malos” al lado de los “buenos” en un momento, como si todas sus acciones anteriores no existieran. Entiendo que Owlboy pretenda ser un juego más primordial e inocente (por no decir infantil), pero no deja de ser raro ver a los personajes cambiar tan rápidamente de personalidad.

Owlboy es encantador, aunque cuenta con algunos errores. No pretendo ser ambiguo, pero me parece que el juego tenía alas para ir más lejos. Hay encanto en el concepto, en la presentación del protagonista como un búho y en un juego de plataformas en el que podemos volar libremente, pero desde el principio hasta el fin, hay poca evolución. El mundo es hermoso, pero con pocas oportunidades de exploración, permaneciendo demasiado simple para su propio bien. Si te gusta pixelart y los juegos de plataformas, Owlboy es capaz de dar una gran dosis de nostalgia, pero pasado algún tiempo, vas a ver que no hay nada nuevo o relevante en el género. Es un juego de interés pasajero.

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