Moss

Los juegos VR son muy peculiares y diferentes de todos los otros, lo que a veces puede dar lugar a dificultades en su clasificación y análisis; aunque el objetivo principal es, sin lugar a dudas, la creación de experiencias de inmersión que te ponen, casi literalmente, en el mundo del juego. Al sacar partido de una forma directa de nuestros sentidos, la experiencia se vuelve más gratificante y las emociones, ya sean de tristeza, alegría, soledad, miedo o adrenalina, se multiplican de forma exponencial.

Existe, sin embargo, una gigantesca contrapartida que ha llegado a poseer la realidad virtual de una manera general, y con la que las productoras tienen que hacer frente ya que la misma puede criticar seriamente la experiencia: lo que se supone que debe ser trascendente y absorbente, se convierte rápidamente en un dolor de cabeza literal o mala disposición que culmina en una de dos formas: o bien tienes que jugar el juego con pausas demasiado frecuentes que te hacen perder el hilo de la madeja y experimentar la historia de forma intermitente, o tendrás, pura y simplemente, que dejarlo.

Esta es una de las mayores desventajas del VR y la razón por la que yo (y, supongo yo, muchos otros jugadores en todo el mundo), tienen un ligero temor en relación a este tipo de juegos.

Sin embargo, Moss vino a sacudir por completo las fundaciones y concepciones que tenía sobre el VR. Es pura magia. Un paso de gigante en la dirección correcta. Una experiencia de juego como nunca antes vi. Y no, no estoy utilizando hipérboles o a exagerando: si hay algún juego que hace un buen uso de la VR y que te introduce REALMENTE en él, es Moss.

En Moss, tienes un doble papel, jugando simultáneamente como dos personajes: Canilla, una pequeña rata que compensa su diminuto tamaño, con poder, fuerza, garra y valentía; pero también a Lector, una fuerza omnipotente que te va a ayudar en tu viaje.

Los controles son bastante simples para algo que, en teoría, puede sonar bastante complejo: mientras que se utiliza el joystick para controlar a Canilla y se pulsa el cuadrado para atacar, tendrás que usar los sensores de movimiento del mando junto con los botones de los desencadenadores para guiar a la entidad “divina”, lo que te da la posibilidad de interactuar y manipular ciertos objetos o enemigos.

El juego funciona como una especie de híbrido, que combina elementos de plataformas y puzzle, y mezclando algunas secciones de combate de vez en cuando que funcionan, de cierta forma, como boss battles.

El juego no es muy difícil – los puzzles son relativamente sencillos y rápidos; y los podrás solucionar sin mayor problema; las secciones de la plataforma son muy interesantes y supongo que no te causarán grandes obstáculos; el combate, sin embargo, comienza de forma sencilla, evolucionando poco a poco y, en las partes posteriores del juego, se vuelve mucho más complicado; ello, sin llegar a ser injusto.

Todo el juego ha sido diseñado como una especie de fábula, algo que es igualmente perceptible en la historia del mismo. La narrativa de Moss es simple y sigue los elementos clásicos que estamos acostumbrados a ver en los cuentos de hadas; aún así, a pesar de poder parecer un puro cuento infantil, me quedé sorprendido con la profundidad y la madurez del mismo, revelando un mundo ciertamente aterrador y, en determinados momentos, cruel.

Moss se ha convertido en un nuevo punto de referencia para los futuros juegos de la Playstation VR.

Si tienes dudas sobre las capacidades del VR, será una buena idea darle un vistazo a Moss pues, el nivel fue muy alto, convirtiéndose en un nuevo punto de referencia para los futuros juegos de la plataforma. Sony tiene una IP muy original en sus manos, con un potencial gigantesco y, para mi satisfacción, el final del juego sugiere de forma casi explícita que una secuela puede venir en el futuro, continuando con la historia que Moss nos ha presentado.

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